Dios, Moisés y Aarón
Éxodo 3,1-4,17

31 Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián. Llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, la montaña de Dios. 2 El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. 3 Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver por qué no se quema la zarza». 4 Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: «Moisés, Moisés». Respondió él: «Aquí estoy». 5 Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado». 6 Y añadió: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob». Moisés se tapó la cara, porque temía ver a Dios.

7El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. 8 He bajado a librarlo de los egipcios, a sacarlo de esta tierra, para llevarlo a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel, la tierra de los cananeos, hititas, amorreos, periz­itas, heveos y jebuseos. 9 El clamor de los hijos de Israel ha llegado a mí y he visto cómo los tiranizan los egipcios. 10 Y ahora marcha, te envío al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel».

11Moisés replicó a Dios: «¿Quién soy yo para acudir al faraón o para sacar a los hijos de Israel de Egipto?». 12 Respondió Dios: «Yo estoy contigo; y esta es la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña».

13Moisés replicó a Dios: «Mira, yo iré a los hijos de Israel y les diré: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”. Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les respondo?». 14 Dios dijo a Moisés: «“Yo soy el que soy”; esto dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a vosotros». 15 Dios añadió: «Esto dirás a los hijos de Israel: “El Señor, Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación”».

16«Vete, reúne a los ancianos de Israel y diles: El Señor Dios de vuestros padres se me ha aparecido, el Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, y me ha dicho: “He observado atentamente cómo os tratan en Egipto 17 y he decidido sacaros de la opresión egipcia y llevaros a la tierra de los cananeos, hititas, amorreos, perizitas, heveos y jebuseos, a una tierra que mana leche y miel”. 18Ellos te harán caso; y tú, con los ancianos de Israel, te presentarás al rey de Egipto y le diréis: “El Señor, Dios de los hebreos, nos ha salido al encuen­tro y ahora nosotros tenemos que hacer un viaje de tres jornadas por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios”. 19 Yo sé que el rey de Egipto no os dejará marchar ni a la fuerza; 20pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con prodigios que haré en medio de él, y entonces os dejará marchar.

21 Haré que este pueblo alcance el favor de los egipcios, de modo que cuando partáis, no salgáis con las manos vacías. 22 Cada mujer pedirá a su vecina y a la dueña de su casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos, que pondréis a vuestros hijos y a vuestras hijas. Así despojaréis a los egipcios».

41 Moisés respondió: «Mira que no me creerán ni me harán caso, pues dirán: “No se te ha aparecido el Señor”». 2 El Señor le dijo: «¿Qué tienes en tu mano?». «Un bastón», respondió él. 3 El Señor le dijo: «Tíralo al suelo». Él lo tiró al suelo y se convirtió en una serpiente; y Moisés huyó de ella. 4 El Señor dijo a Moisés: «Échale mano y agárrala por la cola». Moisés le echó mano y, al agarrarla, se convirtió en bastón en su mano. 5 «Así creerán que se te ha apare­cido el Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob».

6El Señor le dijo aún: «Mete tu mano en el seno». Metió él la mano en su seno y, al sacarla, su mano estaba leprosa, blanca como la nieve. 7 Entonces le dijo: «Vuelve tu mano a tu seno». Él volvió su mano a su seno y, al sacarla, estaba como el resto de su cuerpo. 8 «Si no te creen ni te hacen caso al primer signo, te creerán al segundo. 9 Y si tampoco te creen ni hacen caso a estos dos signos, toma agua del Nilo y derrámala en el suelo seco; y el agua que hayas tomado del río se convertirá en sangre en el suelo seco».

10 Pero Moisés dijo al Señor: «¡Por favor, Señor mío! Yo nunca he sido un hombre con facilidad de palabra, ni siquiera después de que tú has hablado con tu siervo, pues soy torpe de boca y de lengua». 11 El Señor le dijo: «¿Quién dio la boca al hombre? ¿Quién lo hace mudo o sordo, vidente o ciego? ¿No soy yo, el Señor? 12 Ahora pues, ve: yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de decir». 13 Insistió Moisés: «¡Por favor, Señor mío! Envía al que quieras». 14 Entonces se encendió la ira del Señor contra Moisés y le dijo: «¿No está ahí tu hermano Aarón, el levita? Sé que él habla bien; además, él saldrá a tu encuen­tro y se alegrará de corazón al verte. 15 Tú le hablarás y pondrás las palabras en su boca. Yo estaré con tu boca y con su boca, y os enseñaré lo que tenéis que hacer. 16 Él hablará por ti al pueblo, él será tu boca y tú serás su dios. 17Toma en tu mano ese bastón, con el que realizarás los signos».

1. Lee pausadamente el texto bíblico seleccionado. Si hacéis el trabajo en grupo, una persona lo lee en voz alta, sin prisa.

2. Se dejan unos 15 minutos de silencio para que cada uno de los componentes del grupo personalmente reflexione. Se trata de hacer una relectura personal del texto desde la perspectiva del acompañamiento, dejando aparte todos los demás elementos. Si estas haciendo este trabajo tú solo, tomate el tiempo que necesites. Pueden servir de ayuda las siguientes preguntas:

¿Cómo aparece dibujada la idea de que Dios acompaña siempre a su pueblo? ¿Cómo aparece dibujado en el texto el papel de Dios como acompañante? ¿Qué hace? ¿Qué actitudes tiene? ¿Cuál es el proceso que experimenta Moisés? ¿Que interrogantes tiene? ¿Cómo le ayuda Dios? ¿Qué enseñanzas sacas del texto bíblico para tu labor de acompañante?

3. Si estáis trabajando en grupo, poned en común lo que cada uno ha reflexionado.

 

 

 

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