Rafael y Tobías
Tobías 5,1-8; 6,2-18; 11,1-13; 12,12-20

51 Tobías respondió a Tobit, su padre: «Padre, haré todo lo que me man­das. 2 Pero ¿cómo podré recuperar ese dinero? Gabael no me conoce, ni yo a él. ¿Qué prueba puedo darle para que me reconozca, se fíe de mí y me entregue el dinero? Además, no sé cómo se va a Media».

3 Tobit le explicó: «Los dos firmamos un recibo que yo dividí en dos partes. Me quedé con una y dejé la otra con el dinero. Hace ya veinte años de aquello. Ahora, hijo, busca una persona de confianza que te acompañe. Le pagaremos un salario hasta que volváis. Ve y recupera ese dinero».

4Tobías salió a buscar un guía que conociera el camino de Media y lo acom­pañara. Nada más salir, se encontró con el ángel Rafael. Pero no sabía que era un ángel de Dios. 5Le preguntó: «¿De dónde vienes, amigo?».

El ángel respondió: «Soy un hijo de Israel, como tú. Ando en busca de trabajo».

Tobías preguntó: «¿Conoces el camino que lleva a Media?».

6Respondió el ángel: «Sí. He estado allí muchas veces y conozco bien todos los caminos. En mis frecuentes viajes a Media me he hospedado en casa de Gabael, nuestro hermano, que vive en Ragués. Hay dos jornadas de camino desde Ecbatana hasta Ragués, pues Ragués está en la montaña, y Ecbatana en la llanura».

7Tobías le dijo: «Espérame, amigo, que voy a decírselo a mi padre. Necesito que me acompañes. Te pagaré por ello».

8 El ángel respondió: «Bien. Espero aquí, pero no tardes».


62 Tobías bajó al río para lavarse los pies. Entonces saltó del agua un pez enorme que estuvo a punto de devorarle un pie. Él gritó 3 y el ángel le dijo: «Atrápalo y no lo sueltes».

4Tobías se apoderó del pez y lo arrastró a tierra. El ángel añadió: «Ábrelo, sácale la hiel, el corazón y el hígado y guárdalos, porque sirven de medicina. Los intestinos, tíralos».

5Tobías abrió el pez y le extrajo la hiel, el corazón y el hígado. Después asó una parte del mismo pez, se la comió y saló el resto. 6 Luego continuaron el viaje los dos juntos hasta llegar cerca de Media. 7 Entonces el joven preguntó al ángel: «Hermano Azarías, ¿para qué remedios sirven el corazón, el hígado y la hiel del pez?».

8 Él respondió: «Si un hombre o una mujer padecen ataques del demonio o de un mal espíritu, quemas el corazón y el hígado del pez ante ellos y el humo hará desaparecer para siempre los ataques. 9 Si alguien tiene los ojos afectados por manchas blancas, se los untas con la hiel, soplas sobre ellos, y queda curado».

10Cuando entraron en Media, ya cerca de Ecbatana, 11 Rafael dijo al joven: «Hermano Tobías». Este respondió: «Dime». Prosiguió Azarías: «Pasaremos la noche en casa de Ragüel. Este pariente tuyo tiene una hija llamada Sara. 12 Es hija única. Tú, como pariente más próximo, tienes derecho preferente a casarte con ella y heredar los bienes de su padre. La joven es prudente, decidida y muy hermosa. El padre es un hombre honorable».

13 Y añadió: «Conviene que la tomes por esposa. Hazme caso, hermano. Yo hablaré de ella al padre esta noche, para que te la conceda como prometida. Celebraremos la boda a nuestro regreso de Ragués. Estoy seguro de que Ragüel no te la negará ni la casará con otro, pues se haría reo de muerte según lo prev­isto en el libro de Moisés. Él sabe que tienes derecho preferente a casarte con ella. Óyeme bien, hermano: esta noche hablaremos de la joven y la pedire­ mos en matrimonio y, cuando volvamos de Ragués, la recogemos y la llevamos con nosotros a tu casa».

14Tobías respondió a Rafael: «Hermano Azarías, me han dicho que la joven se ha casado ya siete veces y que todos los maridos han muerto la misma noche de la boda al pretender acercarse a ella. Me han dicho también que es un demonio quien los mata. 15 Tengo miedo, porque a ella el demonio no le hace ningún daño, pero da muerte al hombre que intenta acercarse. Soy hijo único y temo que, si muero, la pena por mi pérdida lleve a mis padres al sepulcro. No tienen otro hijo que los entierre».

16El ángel replicó: «¿Has olvidado el encargo de tu padre: que te casaras con una mujer de la familia? Escúchame, hermano. No te preocupes del demonio y cásate con ella. Estoy seguro de que esta noche te la darán por esposa. 17 Cuando entres en la alcoba, toma una parte del hígado y el corazón del pez y arrójalo en el brasero del incienso. Cuando el demonio perciba el olor de lo quemado, huirá y nunca más se le acercará. 18 Y antes de unirte a ella, debéis orar los dos en pie, suplicando al Señor del cielo que os conceda su misericordia y protección. No temas, porque está destinada para ti desde la eternidad. Tú la salvarás y ella se irá contigo. Estoy seguro de que te dará unos hijos que serán como hermanos para ti. No te preocupes».


111 Cuando se acercaban a Caserín, ya cerca de Nínive, 2dijo Rafael: «Ya sabes cómo estaba tu padre cuando lo dejamos. 3 Vamos a adelantarnos nosotros a tu mujer para preparar la casa mientras llegan los demás».

4 Cuando caminaban los dos juntos, le dijo Rafael: «Ten a mano la hiel».

El perro iba tras ellos.

5Ana estaba sentada, con la mirada puesta en el camino por donde debía volver su hijo. 6Cuando lo divisó de lejos, dijo al padre: «Mira, ahí llega tu hijo con el hombre que lo acompañaba».

7Rafael dijo a Tobías antes de llegar a su padre: «Estoy seguro de que tu padre recobrará la vista. 8 Úntale los ojos con la hiel del pez. El remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz».

9Ana acudió corriendo y se abrazó al cuello de su hijo mientras decía: «Ya te he visto, hijo. Ya puedo morir».

Y rompió a llorar. 10 Tobit se levantó y, tropezando, atravesó la puerta del patio. 11 Tobías corrió hasta él con la hiel del pez en la mano; le sopló en los ojos, lo tomó de la mano y le dijo: «Ánimo, padre!».

Tomó el remedio y se lo aplicó. 12 Luego, con ambas manos, le quitó como unas pielecillas de los ojos. 13 Tobit se echó al cuello de su hijo y gritó entre lágrimas: «Te veo, hijo, luz de mis ojos».


1212 Pues bien, cuando tú y Sara orabais, era yo quien presentaba el memorial de vuestras oraciones ante la gloria del Señor, y lo mismo cuando enterrabas a los muertos. 13 El día en que te levantaste enseguida de la mesa, sin comer, para dar sepultura a un cadáver, Dios me había enviado para someterte a prueba.14 También ahora me ha enviado Dios para curaros a ti y a tu nuera Sara. 15 Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y tienen acceso a la gloria de su presencia».

16Los dos hombres, llenos de turbación y temor, se postraron rostro en tierra. 17El ángel les dijo: «No temáis. Tened paz. Alabad a Dios por siempre. 18 He estado con vosotros no por mi propia iniciativa, sino por voluntad de Dios. Alabadlo siempre y cantadle. 19 Me habéis visto comer, pero era simple aparien­cia. 20 Ahora pues, alabad al Señor en la tierra, dadle gracias. Yo subo al que me ha enviado. Poned por escrito todo lo que os ha sucedido».

1. Lee pausadamente el texto bíblico seleccionado. Si hacéis el trabajo en grupo, una persona lo lee en voz alta, sin prisa.

2. Se dejan unos 15 minutos de silencio para que cada uno de los componentes del grupo personalmente reflexione. Se trata de hacer una relectura personal del texto desde la perspectiva del acompañamiento, dejando aparte todos los demás elementos. Si estas haciendo este trabajo tú solo, tomate el tiempo que necesites. Pueden servir de ayuda las siguientes preguntas:

¿Cómo aparece expresada la idea de que Dios acompaña siempre a su pueblo? ¿Cómo aparece dibujado en el texto el papel de Rafael (Azarías) como acompañante? ¿Qué hace con y por Tobías y con y por los demás personajes de la historia? ¿Qué actitudes tiene? ¿Cuál es el proceso que experimenta Tobías, que es el principal personaje que es acompañado por él? ¿Qué enseñanzas sacas del texto bíblico para tu labor de acompañante?

3. Si estáis trabajando en grupo, poned en común lo que cada uno ha reflexionado.

 

 

 

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