Sobre el acompañamiento integral

Alguien del grupo, lee en voz alta el texto del recuadro. Luego se dialoga a partir de las preguntas que hay debajo de él.

Antonio tiene 52 años, casado y con dos hijos, con un trabajo estable que no le satisface (porque no es aquello para lo que ha estudiado y por el bajo sueldo), que señala que tiene episodios recurrentes de tristeza, cansancio permanente, dificultades para dormir toda la noche, algunos problemas en el trabajo y con pérdida del gusto por las cosas cotidianas. Cuenta que su esposa, que al comienzo estaba atenta para apoyarle en estos momentos de «bajón», luego pasó a acusarle de que siempre lo veía todo negativo, para posteriormente irse distanciando y terminar llevando una vida «por su cuenta»: su deporte, su trabajo, sus amigas… Él indica que últimamente también ha perdido apetito, ha dejado de ver a los amigos y afirma reiteradamente que no «vale para nada». Incluso en el trabajo ya le han llamado la atención varias veces por sus distracciones y bajo rendimiento. Decide ir al médico de atención primaria, quien le confirma el diagnóstico de «depresión», y le propone que tome fluoxetina (un antidepresivo). A los dos meses se iba encontrando algo mejor, aunque poco después tuvo otra recaída, ante la cual el médico optó por disminuir la fluoxetina e ir introduciendo la paroxetina, para probar si de este modo le iba mejor. 

Esta situación, se repite una y otra vez en la vida práctica. ¿Crees que está bien enfocada? ¿Qué error descubres en el enfoque? ¿Hay acompañamiento? ¿Por qué?

 

 

 

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